Cuando te conocí no sabia que cojones era la poesía,
sólo escribía en el sudor del cristal
mi número para que alguna falda llamase y me hiciera un poco menos eterna la noche.
Sabía de alcohol y deudas,
de querer a medias y huir a la mínima.
Y ahora,
la cosa está jodida.
Que me las doy de conocedor de esta literatura
por haberte robado besos y excesos.
Que la tormenta se convirtió en estación,
y desde entonces ando confuso,
entre el dolor y el amor,
que a menudo mezclo con ron.
Y salimos disparados,
pero nos gusta tanto esta mierda
que volvemos a estrellarnos
sólo para saber una vez más
que será del tú y del yo.
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